La inflamación es una respuesta de defensa del cuerpo. El problema aparece cuando esa respuesta se mantiene activa todos los días, convirtiéndose en una inflamación crónica de bajo grado, que afecta tu digestión, tus hormonas, tu metabolismo y tu capacidad de quemar grasa.
Cuando estás inflamada:
La inflamación casi siempre comienza en el intestino.
La inflamación abdominal no aparece de la nada. Cada vez que comes chucherías, comida chatarra, embutidos o productos enlatados, tu intestino se va debilitando poco a poco. Estos alimentos están llenos de azúcares, grasas malas, aditivos y conservantes que irritan la pared intestinal, haciendo que pierda su protección natural (a esto se le llama impermeabilidad intestinal). Cuando eso pasa, el intestino se vuelve más sensible y permite que sustancias que no deberían pasar entren en tu cuerpo, generando inflamación, gases, barriga dura y malestar durante todo el día. Además, el exceso de azúcar y grasas de mala calidad alimenta a las bacterias equivocadas en tu intestino, provocando más gases, digestiones pesadas y problemas para ir al baño. Por eso no es que "tu cuerpo esté inflamado porque sí", sino porque lo que comes a diario mantiene tu intestino irritado e inflamado constantemente.
Un cuerpo inflamado es un cuerpo en modo supervivencia.
Cuando hay inflamación constante:
Por eso muchas personas sienten que hacen de todo y nada les funciona.
La inflamación no solo afecta cómo te ves, sino cómo funciona tu cuerpo. Con el tiempo puede contribuir a:
La buena noticia es que la inflamación sí se puede reducir cuando corriges la alimentación, el movimiento y los hábitos correctos.
Antes de hablar de soluciones, es importante que sepas en qué punto te encuentras actualmente.
Por eso, el siguiente paso es que calcules tu Índice de Masa Corporal (IMC), una herramienta que nos permite identificar si estás en bajo peso, peso normal, sobrepeso u obesidad.
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